Coop. Agua Potable Hospital Champa Ltda

Las cooperativas como modelos de gestión para temas hídricos

Junio 3, 2022

EL MOSTRADOR – El estudio “Transición Hídrica: El futuro del agua en Chile”, de Fundación Chile, arroja que el principal problema respecta a fallas en la gestión del agua y su gobernanza (44%), en tiempos donde nuestro país es el con mayor estrés hídrico de América Latina –ocupando el puesto 18 a nivel mundial–, según el último estudio de las Naciones Unidas. Por ello, a mi juicio, necesitamos conocer más de estos casos, para fortalecernos de lo bueno del cooperativismo. 

El día en que se estudie el siglo XXI y su huella en la historia universal, habrá seguramente un momento para referirse a los temas hídricos, al ser uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo, incluso adoptado por altas esferas de gobernabilidad en el mundo, como la ONU. 

El agua, como el recurso más abundante del planeta, la fuerza motriz de la naturaleza para Leonardo da Vinci, hoy atraviesa una crisis nunca antes vista con la disminución de las precipitaciones, el derretimiento de nieve y el retroceso de glaciares, debidos, mayormente, al aumento de la temperatura global. Sin embargo, la situación no merma mi optimismo ante el asunto, pues creo que la creatividad, el desarrollo y, sobre todo, el colectivismo, serán herramientas claves para sacar la tarea adelante. 

Un grupo de chilenos lo hace desde hace más de 50 años en una zona rural de la Región Metropolitana, por medio de un modelo de gestión cooperativo. Se trata de la Cooperativa de Agua Potable Hospital Champa, establecida en Paine, que surte a cerca de 2.700 socios. Una empresa social, sin fines de lucro, con su propio acuífero y servicios sanitarios basados en modelos de gestión y desarrollo sustentable, para 2.400 familias de la provincia del Maipo. 

Su crecimiento es laudable. Se fundó en 1969, bajo el desarrollo del Programa de Agua Potable Rural, a nombre de dos cooperativas: la de Hospital y la de Champa. La primera reunió 76 socios y la segunda 25, pero ya en los ochenta esos números crecieron en varias centenas, del mismo modo que la capacidad de sus estanques y la consiguiente fusión entre ambas, ya entrado el 2000. Un año que dio forma a la cooperativa actual, bajo pilares de bienestar y educación para proyectos que buscan mejorar la calidad de vida de su comunidad. 

Y es que, como toda cooperativa, sus integrantes se ven beneficiados por un acceso más eficaz y conveniente al agua, en este caso, al igual que de tener protagonismo en su proyección. De esfuerzos comunes surgen mejores resultados colectivos, como también de una orgánica, representación, derechos y obligaciones por los cuales regirse, definidas por estatutos. 

El estudio “Transición Hídrica: El futuro del agua en Chile”, de Fundación Chile, arroja que el principal problema respecta a fallas en la gestión del agua y su gobernanza (44%), en tiempos donde nuestro país es el con mayor estrés hídrico de América Latina –ocupando el puesto 18 a nivel mundial–, según el último estudio de las Naciones Unidas. Por ello, a mi juicio, necesitamos conocer más de estos casos, para fortalecernos de lo bueno del cooperativismo. 

En tiempos donde se repiensa cada vez más nuestro tipo de consumo, bajo la exigencia de procesos más sostenibles en el tiempo, estos modelos ofrecen alternativas de desarrollo interesantes de abordar para el sector público, privado e incluso académico. Además, si el agua es capaz de cambiar de estado y así servir para algo mejor, las cooperativas de su sector también podrían hacerlo.

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